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viernes, 4 de octubre de 2013

El Papa introduce una nueva invocación a San José en la Misa

El Papa aprueba un cambio en la Misa para reforzar la devoción a San José

1 de mayo de 2013
A partir de ahora en todas las Misas de rito latino, el más extendido de la Iglesia católica, se invocará a San José justo después de la referencia que ahora se hace a la Virgen María.
La Congregación para el Culto Divino ha aprobado estos cambios en los texto de la Misa. Desde hace tiempo se estaba estudiando la modificación con el beneplácito de Benedicto XVI y ahora el Papa Francisco la ha refrendado.
Hasta ahora sólo se hacía referencia a San José en el denominado Canon Romano, gracias a introducción que aprobó el beato Juan XXIII durante el Concilio Vaticano II.
Por el momento el Vaticano ha publicado oficialmente el texto que se debe incluir en latín tras la referencia a la Virgen María: 'cum beáto Ioseph, eius Sponso,' (que significa: con San José, su esposo) pero en breve se facilitará una traducción oficial en las diferentes lenguas. Como el cambio es sencillo permite a los sacerdotes incorporar esta modificación de forma inmediata.


Nuevos textos en español

II:
con María,
la Virgen Madre de Dios,
su esposo san José,
los apóstoles y…
III:
con María,
la Virgen Madre de Dios,
su esposo san José,
los apóstoles y los mártires…
IV:
con María,
la Vigen Madre de Dios,
con su esposo san José,
con los apóstoles y los santos…

Texto completo del decreto:

En el paterno cuidado de Jesús, que San José de Nazaret desempeñó, colocado como cabeza de la Familia del Señor, respondió generosamente a la gracia, cumpliendo la misión recibida en la economía de la salvación y, uniéndose plenamente a los comienzos de los misterios de la salvación humana, se ha convertido en modelo ejemplar de la entrega humilde llevada a la perfección en la vida cristiana, y testimonio de las virtudes corrientes, sencillas y humanas, necesarias para que los hombres sean honestos y verdaderos seguidores de Cristo. Este hombre Justo, que ha cuidado amorosamente de la Madre de Dios y se ha dedicado con alegría a la educación de Jesucristo, se ha convertido en el custodio del tesoro más precioso de Dios Padre, y ha sido constantemente venerado por el pueblo de Dios, a lo largo de los siglos, como protector del cuerpo místico, que es la Iglesia.
En la Iglesia católica, los fieles han manifestado siempre una devoción ininterrumpida hacia San José y han honrado de manera constante y solemne la memoria del castísimo Esposo de la Madre de Dios, Patrono celestial de toda la Iglesia, hasta tal punto que el ya Beato Juan XXIII, durante el Sagrado Concilio Ecuménico Vaticano II, decretó que se añadiera su nombre en el antiquísimo Canon Romano.
El Sumo Pontífice Benedicto XVI ha querido acoger y aprobar benévolamente los piadosos deseos que han llegado desde muchos lugares y que ahora, el Sumo Pontífice FRANCISCO ha confirmado, considerando la plenitud de la comunión de los santos que, habiendo peregrinado un tiempo a nuestro lado, en el mundo, nos conducen a Cristo y nos unen a Él.
Por lo tanto, teniendo en cuenta todo esto, la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, en virtud de las facultades concedidas por el Sumo Pontífice Francisco, gustosamente decreta que el nombre de San José, Esposo de la Bienaventurada Virgen María, se añada de ahora en adelante en las Plegarias Eucarísticas II, III y IV de la tercera edición típica del Misal Romano, colocándose después del nombre de la Bienaventurada Virgen María, como sigue:
- en la Plegaria eucarística II: «ut cum beáta Dei Genetríce Vírgine María, beáto Ioseph, eius Sponso, cum beátis Apóstolis»;
- en la Plegaria eucarística III: «cum beatíssima Vírgine, Dei Genetríce, María, cum beáto Ioseph, eius Sponso, cum beátis Apóstolis»;
- en la Plegaria eucarística IV: «cum beáta Vírgine, Dei Genetríce, María, cum beáto Ioseph, eius Sponso, cum Apóstolis».
Por lo que se refiere a los textos redactados en lengua latina, se deben utilizar las fórmulas que ahora se declaran típicas. La misma Congregación se ocupará de proveer, a continuación, la traducción en las lenguas occidentales de mayor difusión; la redacción en otras lenguas deberá ser preparada, conforme a las normas del derecho, por la correspondiente Conferencia de Obispos y confirmada por la Sede Apostólica, a través de este Dicasterio.
No obstante cualquier cosa en contrario.
Dado en la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, el día 1 de mayo del 2013, memoria de San José Obrero.

San José en el Catecismo de la Iglesia Católica

Numerales del CATECISMO DE LA IGLESIA CATOLICA que mencionan a San José: 437, 488, 497, 500, 532, 534, 583,595, 1014, 1020, 1655, 1846, 2177.

437
El ángel anunció a los pastores el nacimiento de Jesús como el del Mesías prometido a Israel: "Os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un salvador, que es el Cristo Señor" ( Luc_2:11). Desde el principio él es "a quien el Padre ha santificado y enviado al mundo"( Jua_10:36), concebido como "santo" ( Luc_1:35) en el seno virginal de María. José fue llamado por Dios para "tomar consigo a María su esposa" encinta "del que fue engendrado en ella por el Espíritu Santo" ( Mat_1:20) para que Jesús "llamado Cristo" nazca de la esposa de José en la descendencia mesiánica de David (Mat_1:16; cf.  Rom_1:3;  2Ti_2:8;  Apo_22:16).

488
"Dios envió a su Hijo" ( Gál_4:4), pero para "formarle un cuerpo" (cf.  Hab_10:5) quiso la libre cooperación de una criatura. Para eso desde toda la eternidad, Dios escogió para ser la Madre de su Hijo, a una hija de Israel, una joven judía de Nazaret en Galilea, a "una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María" ( Luc_1:26-27):

El Padre de las misericordias quiso que el consentimiento de la que estaba predestinada a ser la Madre precediera a la encarnación para que, así como una mujer contribuyó a la muerte, así también otra mujer contribuyera a la vida (LG 56; cf. 61).

497
Los relatos evangélicos (cf.  Mat_1:18-25;  Luc_1:26-38) presentan la concepción virginal como una obra divina que sobrepasa toda comprensión y toda posibilidad humanas (cf.  Luc_1:34): "Lo concebido en ella viene del Espíritu Santo", dice el ángel a José a propósito de María, su desposada ( Mat_1:20). La Iglesia ve en ello el cumplimiento de la promesa divina hecha por el profeta Isaías: "He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un Hijo" ( Isa_7:14 según la traducción griega de  Mat_1:23).

532
Con la sumisión a su madre, y a su padre legal, Jesús cumple con perfección el cuarto mandamiento. Es la imagen temporal de su obediencia filial a su Padre celestial. La sumisión cotidiana de Jesús a José y a María anunciaba y anticipaba la sumisión del Jueves Santo: "No se haga mi voluntad ..."( Luc_22:42). La obediencia de Cristo en lo cotidiano de la vida oculta inaugurada ya la obra de restauración de lo que la desobediencia de Adán había destruido (cf.  Rom_5:19).

534
El hallazgo de Jesús en el Templo (cf.  Luc_2:41-52) es el único suceso que rompe el silencio de los Evangelios sobre los años ocultos de Jesús. Jesús deja entrever en ello el misterio de su consagración total a una misión derivada de su filiación divina: "¿No sabíais que me debo a los asuntos de mi Padre?" María y José "no comprendieron" esta palabra, pero la acogieron en la fe, y María "conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón", a lo largo de todos los años en que Jesús permaneció oculto en el silencio de una vida ordinaria.

583
Como los profetas anteriores a él, Jesús profesó el más profundo respeto al Templo de Jerusalén. Fue presentado en él por José y María cuarenta días después de su nacimiento ( Luc_2:22-39). A la edad de doce años, decidió quedarse en el Templo para recordar a sus padres que se debía a los asuntos de su Padre (cf.  Luc_2:46-49). Durante su vida oculta, subió allí todos los años al menos con ocasión de la Pascua (cf.  Luc_2:41); su ministerio público estuvo jalonado por sus peregrinaciones a Jerusalén con motivo de las grandes fiestas judías (cf.  Jua_2:13-14;  Jua_5:1. 14;  Jua_7:1. 10. 14;  Jua_8:2;  Jua_10:22-23).

1014
La Iglesia nos anima a prepararnos para la hora de nuestra muerte ("De la muerte repentina e imprevista, líbranos Señor": antiguas Letanías de los santos), a pedir a la Madre de Dios que interceda por nosotros "en la hora de nuestra muerte" (Ave María), y a confiarnos a San José, Patrono de la buena muerte:

Habrías de ordenarte en toda cosa como si luego hubieses de morir. Si tuvieses buena conciencia no temerías mucho la muerte. Mejor sería huir de los pecados que de la muerte. Si hoy no estás aparejado, ¿cómo lo estarás mañana? (Imitación de Cristo 1, 23, 1).

Y por la hermana muerte, ¡loado mi Señor!

Ningún viviente escapa de su persecución;

¡ay si en pecado grave sorprende al pecador!

¡Dichosos los que cumplen la voluntad de Dios!

(San Francisco de Asís, cant.)

1020
El cristiano que une su propia muerte a la de Jesús ve la muerte como una ida hacia El y la entrada en la vida eterna. Cuando la Iglesia dice por última vez las palabras de perdón de la absolución de Cristo sobre el cristiano moribundo, lo sella por última vez con una unción fortificante y le da a Cristo en el viático como alimento para el viaje. Le habla entonces con una dulce seguridad:

Alma cristiana, al salir de este mundo, marcha en el nombre de Dios Padre Todopoderoso, que te creó, en el nombre de Jesucristo, Hijo de Dios vivo, que murió por ti, en el nombre del Espíritu Santo, que sobre ti descendió. Entra en el lugar de la paz y que tu morada esté junto a Dios en Sión, la ciudad santa, con Santa María Virgen, Madre de Dios, con San José y todos los ángeles y santos. ... Te entrego a Dios, y, como criatura suya, te pongo en sus manos, pues es tu Hacedor, que te formó del polvo de la tierra. Y al dejar esta vida, salgan a tu encuentro la Virgen María y todos los ángeles y santos. ... Que puedas contemplar cara a cara a tu Redentor... (OEx. "Commendatio animae").

1655
Cristo quiso nacer y crecer en el seno de la Sagrada Familia de José y de María. La Iglesia no es otra cosa que la "familia de Dios". Desde sus orígenes, el núcleo de la Iglesia estaba a menudo constituido por los que, "con toda su casa", habían llegado a ser creyentes (cf Hch_18:8). Cuando se convertían deseaban también que se salvase "toda su casa" (cf Hch_16:31
y 11,14). Estas familias convertidas eran islotes de vida cristiana en un mundo no creyente.

1846
El Evangelio es la revelación, en Jesucristo, de la misericordia de Dios con los pecadores (cf Lc 15). El ángel anuncia a José: "Tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados" (Mat_1:21). Y en la institución de la Eucaristía, sacramento de la redención, Jesús dice: "Esta es mi sangre de la alianza, que va a ser derramada por muchos para remisión de los pecados" (Mat_26:28).

2177
La celebración dominical del Día y de la Eucaristía del Señor tiene un papel principalísimo en la vida de la Iglesia. "El domingo en el que se celebra el misterio pascual, por tradición apostólica, ha de observarse en toda la Iglesia como fiesta primordial de precepto" (CIC, can. 1246,1).


"Igualmente deben observarse los días de Navidad, Epifanía, Ascensión, Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, Santa María Madre de Dios, Inmaculada Concepción y Asunción, San José, Santos Apóstoles Pedro y Pablo y, finalmente, todos los Santos" (CIC, can. 1246,1).

Liturgia - Misa para la fiesta de San José

Estos textos están tomados del misal Id y Enseñad
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San José, Esposo de la Virgen María
Solemnidad

Antífona de Entrada
Celebremos con alegría la fiesta de san José, el siervo
prudente y fiel, a quien el Señor puso al frente de su familia.

Se dice Gloria.

Oración Colecta
Oremos:
Dios todopoderoso, que quisiste poner bajo la
protección de san José el nacimiento y la infancia de
nuestro Redentor, concédele a tu Iglesia proseguir y llevar a
término, bajo su patrocinio, la obra de la redención humana.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.

Primera Lectura
Lectura del segundo libro de Samuel (7, 4-5. 12-14. 16)
En aquellos días, el Señor le habló al profeta Natán y le dijo:
“Ve y dile a mi siervo David que el Señor le manda decir esto:
‘Cuando tus días se hayan cumplido y descanses para
siempre con tus padres, engrandeceré a tu hijo, sangre
de tu sangre, y consolidaré su reino.
El me construirá una casa y yo consolidaré su trono para
siempre. Yo seré para él un padre y él será para mí un hijo.
Tu casa y tu reino permanecerán para siempre ante mí, y tu trono
será estable eternamente’ ”.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial Salmo 88

Su descendencia perdurará eternamente.

Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor y daré
a conocer que su fidelidad es eterna, pues el Señor ha dicho:
“Mi amor es para siempre y mi lealtad, más firme que los cielos.

Su descendencia perdurará eternamente.

Un juramento hice a David, mi servidor, una alianza
pacté con mi elegido: ‘Consolidaré tu dinastía
para siempre y afianzaré tu trono eternamente’.

Su descendencia perdurará eternamente.

El me podrá decir: ‘Tú eres mi padre, el Dios
que me protege y que me salva’. Yo jamás le retiraré
mi amor ni violaré el juramento que le hice”
.
Su descendencia perdurará eternamente.

Segunda Lectura
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los romanos
(4, 13. 16-18. 22)
Hermanos: La promesa que Dios hizo a Abraham y
a sus descendientes, de que ellos heredarían el mundo, no
dependía de la observancia de la ley, sino de la justificación
obtenida mediante la fe.
En esta forma, por medio de la fe, que es gratuita, queda
asegurada la promesa para todos sus descendientes, no
sólo para aquellos que cumplen la ley, sino también para todos
los que tienen la fe de Abraham.
Entonces, él es padre de todos nosotros, como dice la Escritura:
Te he constituido padre de todos los pueblos.
Así pues, Abraham es nuestro padre delante de aquel Dios
en quien creyó y que da la vida a los muertos y llama a
la existencia a las cosas que todavía no existen. El, esperando
contra toda esperanza, creyó que habría de ser padre de
muchos pueblos, conforme a lo que Dios le había prometido:
Así de numerosa será tu descendencia. Por eso, Dios le
acreditó esta fe como justicia.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Aclamación antes del Evangelio
Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Dichosos los que viven en tu casa; siempre, Señor, te
alabarán.
Honor y gloria a ti, Señor Jesús.

Evangelio
† Lectura del santo Evangelio según san Mateo
(1, 16. 18-21. 24)
Gloria a ti, Señor.

Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual
nació Jesús, llamado Cristo.
Cristo vino al mundo de la siguiente manera: Estando
María, su madre, desposada con José y antes de que vivieran
juntos, sucedió que ella, por obra del Espíritu Santo,
estaba esperando un hijo.
José, su esposo, que era hombre justo, no queriendo
ponerla en evidencia, pensó dejarla en secreto.
Mientras pensaba en estas cosas, un ángel del Señor le
dijo en sueños: “José, hijo de David, no dudes en recibir
en tu casa a María, tu esposa, porque ella ha concebido por
obra del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás
el nombre de Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus
pecados”.
Cuando José despertó de aquel sueño, hizo lo que le había
mandado el ángel del Señor.

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Se dice Credo.

Oración de los Fieles
Celebrante:
Invoquemos a Dios, que confió a San José la custodia
de su Hijo, y pidámosle que por su intercesión escuche lo
que con fe queremos pedirle.
Digamos:
Te rogamos, óyenos.

Para que la Iglesia del nuevo milenio cristiano sea como
San José, fiel custodia, de los misterios del Verbo de Dios y
para que se vea enriquecida con la constante intercesión
del esposo de la Virgen María.
Oremos al Señor.
Te rogamos, óyenos.

Para que San José, que fue un trabajador fiel y un padre
ejemplar, consiga de Dios que a nadie falte trabajo e interceda
por los que deben mantener y educar una familia.
Oremos al Señor.
Te rogamos, óyenos
Para que mirando a San José, que supo contemplar al Hijo de
Dios, muchos jóvenes fijen su mirada en Jesucristo que los
ama, y lo sigan con generosidad: pidamos especialmente por los
seminaristas y por los que los acompañan en su formación.
Oremos al Señor.
Te rogamos, óyenos.

Para que quienes hoy celebran su onomástico, a
ejemplo de su santo, vivan con sencillez de corazón y
con deseo de los bienes eternos, sean fieles custodios
de la fe que han recibido y gocen un día de la felicidad
eterna de Dios.
Oremos al Señor.
Te rogamos, óyenos.

Para que los agonizantes y los que hoy dejarán este mundo,
por intercesión de San José, descubran la misericordia de
Dios que se les manifiesta y puedan dejar este mundo en
paz. Oremos al Señor.
Te rogamos, óyenos.

Para que al celebrar esta Eucaristía dejemos que Dios avive
nuestra fe y nos haga testigos de su amor para nuestros hermanos.
Oremos al Señor.
Te rogamos, óyenos.

Celebrante:
Ayúdanos, Señor, y ya que en nombre de San José,
fiel custodio de tu Verbo encarnado, te hemos suplicado,
no permitas que nunca nos apartemos de Ti, antes bien
danos tu luz y tu verdad para permanecer atentos a tu voz y
dóciles en tu servicio.
Por Jesucristo nuestro Señor.
Amén.

Oración sobre las Ofrendas
Concédenos, Señor, celebrar esta Eucaristía con el mismo
amor y pureza de corazón con que se entregó san José
a servir a tu Hijo unigénito, nacido de la Virgen María.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.

Prefacio de San José
Misión de san José
El Señor esté con ustedes.
Y con tu espíritu.
Levantemos el corazón.
Lo tenemos levantado hacia el Señor.
Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
Es justo y necesario.

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios
todopoderoso y eterno.
Y alabar, bendecir y proclamar tu gloria en la solemnidad de san
José, el hombre justo que diste por esposo a la Virgen Madre de
Dios, el fiel y prudente servidor a quien constituiste jefe de tu
familia para que, haciendo las veces de padre, cuidara a tu Hijo
unigénito, concebido por obra del Espíritu Santo, Jesucristo
nuestro Señor.
Por él, los ángeles y los arcángeles, y todos los coros
celestiales celebran tu gloria, unidos en común alegría.
Permítenos asociarnos a sus voces cantando humildemente tu
alabanza:
Santo, Santo, Santo...

Antífona de la Comunión
Alégrate siervo bueno y fiel. Entra a compartir el gozo de tu
Señor.

Oración después de la Comunión
Oremos:
Señor, protege sin cesar a esta familia tuya que se alegra
hoy al celebrar la festividad de san José, y conserva en ella
la vida de la gracia que le has comunicado por medio de la
Eucaristía.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.

Tú eres mi padre, el Dios que me protege

San José en la Biblia


Estos son los pasajes del Nuevo Testamento en donde se menciona el nombre de José o lo que hizo. Los textos están tomados de la Biblia de Jerusalen, tercera edición.

SAN JOSE EN LA BIBLIA

Evangelio según San Mateo

Mat 1:16 y Jacob engendró a José, el esposo de María, de la que nació Jesús, llamado Cristo.

Mat 1:18 El origen de Jesucristo fue de esta manera: Su madre, María, estaba desposada con José y, antes de empezar a estar juntos ellos, se encontró encinta por obra del Espíritu Santo.
Mat 1:19 Su marido José, que era justo, pero no quería infamarla, resolvió repudiarla en privado.
Mat 1:20 Así lo tenía planeado, cuando el ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: "José, hijo de David, no temas tomar contigo a María tu mujer porque lo engendrado en ella es del Espíritu Santo.
Mat 1:21 Dará a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados."

Mat 1:24 Despertado José del sueño, hizo como el ángel del Señor le había mandado, y tomó consigo a su mujer.
Mat 1:25 Y no la conocía hasta que ella dio a luz un hijo, y le puso por nombre Jesús.

Mat 2:13 Cuando ellos se retiraron, el ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: "Levántate, toma contigo al niño y a su madre y huye a Egipto; y estáte allí hasta que yo te diga. Porque Herodes va a buscar al niño para matarle."
Mat 2:14 Él se levantó, tomó de noche al niño y a su madre, y se retiró a Egipto;
Mat 2:15 y estuvo allí hasta la muerte de Herodes; para que se cumpliera lo dicho por el Señor por medio del profeta: De Egipto llamé a mi hijo.

Mat 2:19 Muerto Herodes, el ángel del Señor se apareció en sueños a José en Egipto y le dijo:
Mat 2:20 "Levántate, toma contigo al niño y a su madre, y vete a la tierra de Israel, pues ya han muerto los que buscaban la vida del niño."
Mat 2:21 Él se levantó, tomó consigo al niño y a su madre, y entró en tierra de Israel.
Mat 2:22 Pero al enterarse de que Arquelao reinaba en Judea en lugar de su padre Herodes, tuvo miedo de ir allí; y, avisado en sueños, se retiró a la región de Galilea,
Mat 2:23 y fue a vivir en una ciudad llamada Nazaret; para que se cumpliese lo dicho por los profetas: Será llamado Nazoreo.

Mat 13:55 ¿No es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María, y sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas?

Evangelio según San Lucas

Luc 1:26 Al sexto mes envió Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret,
Luc 1:27 a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María.

Luc 2:4 Subió también José desde Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por ser él de la casa y familia de David,
Luc 2:5 para empadronarse con María, su esposa, que estaba encinta.

Luc 2:16 Fueron a toda prisa y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre.

Luc 2:22 Cuando se cumplieron los días en que debían purificarse, según la Ley de Moisés, llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarle al Señor,

Luc 2:39 Así que cumplieron todas las cosas según la Ley del Señor, volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret.
Luc 2:40 El niño crecía y se fortalecía, llenándose de sabiduría; y la gracia de Dios estaba sobre él.
Luc 2:41 Sus padres iban todos los años a Jerusalén a la fiesta de la Pascua.
Luc 2:42 Cuando cumplió los doce años, subieron como de costumbre a la fiesta.
Luc 2:43 Al volverse ellos pasados los días, el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin saberlo su padres.
Luc 2:44 Creyendo que estaría en la caravana, hicieron un día de camino, y le buscaban entre los parientes y conocidos;
Luc 2:45 pero, al no encontrarle, se volvieron a Jerusalén en su busca.
Luc 2:46 Al cabo de tres días, le encontraron en el Templo sentado en medio de los maestros, escuchándoles y haciéndoles preguntas;
Luc 2:47 todos los que le oían, estaban estupefactos por su inteligencia y sus respuestas.
Luc 2:48 Cuando le vieron quedaron sorprendidos y su madre le dijo: "Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira, tu padre y yo, angustiados, te andábamos buscando."
Luc 2:49 Él les dijo: "Y ¿por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?"
Luc 2:50 Pero ellos no comprendieron la respuesta que les dio.
Luc 2:51 Bajó con ellos, vino a Nazaret y vivía sujeto a ellos. Su madre conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón.

Luc 3:23 Tenía Jesús, al comenzar, unos treinta años. Se creía que era hijo de José, hijo de Helí,
Luc 3:24 hijo de Matat, hijo de Leví, hijo de Melkí, hijo de Janái, hijo de José,

Luc 4:22 Y todos daban testimonio de él y estaban admirados de las palabras llenas de gracia que salían de su boca. Y decían: "¿Acaso no es éste el hijo de José?"

Evangelio según San Juan

Jua 1:45 Felipe encuentra a Natanael y le dice: "Aquel de quien escribió Moisés en la Ley, y también los profetas, lo hemos encontrado: Jesús, el hijo de José, el de Nazaret."

Jua 4:5 Llega, pues, a una ciudad de Samaría llamada Sicar, cerca de la heredad que Jacob dio a su hijo José.

Jua 6:42 Y decían: "¿No es éste Jesús, hijo de José, cuyo padre y madre conocemos? ¿Cómo puede decir ahora: He bajado del cielo?"

jueves, 3 de octubre de 2013

Liturgia - Misa para la fiesta de San José Obrero

Estos textos están tomados del misal Id y Enseñad
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San José, obrero
Mayo
1
Antífona de Entrada
Dichoso el que teme al Señor y cumple su voluntad.
El gozará el fruto de su trabajo tendrá prosperidad y alegría.
Aleluya.

Oración Colecta
Oremos:
Dios nuestro, creador del universo, que has
querido que el hombre colabore con su trabajo al
perfeccionamiento de tu obra y al bien de sus
hermanos, por intercesión de san José y a ejemplo
suyo, concédenos comprender y realizar la misión que nos
has encomendado aquí,a cada uno.
Por nuestro Señor Jesucristo…
Amén.

Primera Lectura
Lectura del libro del Génesis
(1, 26—2, 3)
Dijo Dios: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza;
que domine a los peces del mar, a las aves del cielo, a los
animales domésticos y a todo animal que se arrastra sobre la
tierra”.
Y creó Dios al hombre a su imagen; a imagen suya lo creó;
hombre y mujer los creó.
Y los bendijo Dios y les dijo: “Sean fecundos y multiplíquense,
llenen la tierra y sométanla; dominen a los peces del mar,
a las aves del cielo y a todo ser viviente que se mueve sobre
la tierra”.
Y dijo Dios: “He aquí que les entrego todas las plantas de
semillas que hay sobre la faz de la tierra, y todos los árboles
que producen fruto y semilla, para que les sirvan de alimento.
Y a todas las fieras de la tierra, a todas las aves del cielo, a
todos los reptiles de la tierra, a todos los seres que respiran,
también les doy por alimento la verdes plantas”. Y así fue.
Vio Dios todo lo que había hecho y lo encontró muy bueno.
Fue la tarde y la mañana del sexto día.
Así quedaron concluidos el cielo y la tierra con todos sus
ornamentos, y terminada su obra, descansó Dios el séptimo
día de todo cuanto había hecho.
Dios bendijo el séptimo día y lo consagró, porque ese día cesó
de trabajar en la creación del universo.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial Salmo 89
Dales, Señor, prosperidad a nuestras obras.

Desde antes que surgieran las montañas y la tierra y el
mundo apareciesen, existes tú, Dios mío, desde siempre y por
siempre.

Dales, Señor, prosperidad a nuestras obras.

Tú haces volver al polvo a los humanos, diciendo a los
mortales que retornen. Mil años para ti son como
un día que ya pasó, como una breve noche.

Dales, Señor, prosperidad a nuestras obras.

Haznos captar lo breve de la vida y seremos sensatos.
¿Hasta cuando, Señor, vas a tener compasión de tus siervos?
¿Hasta cuándo?

Dales, Señor, prosperidad a nuestras obras.

Llénanos de tu amor por la mañana y júbilo será la vida toda.
Haz, Señor, que tus siervo s y sus hijos, puedan mirar tus obras y
tu gloria.

Dales, Señor, prosperidad a nuestras obras.

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Bendito sea el Señor día tras día que nos lleve en sus alas y
nos salve.
Aleluya.

Evangelio
† Lectura de santo Evangelio según san Mateo (13, 54-58)
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, Jesús llegó a su tierra y se puso a enseñar
a la gente en la sinagoga, de tal forma, que todos estaban
asombrados y se preguntaban:
“¿De dónde ha sacado éste esa sabiduría y esos poderes
milagrosos? ¿Acaso no es éste el hijo del carpintero? ¿No se
llama María su madre y no son sus hermanos Santiago,
José, Simón y Judas? ¿Qué no viven entre nosotros todas sus
hermanas? ¿De dónde, pues, ha sacado todas estas cosas?” Y
se negaban a creer en él.
Entonces, Jesús les dijo: “Un que en su patria y en su casa”.
Y no hizo muchos milagros ahí por la incredulidad de ellos.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Oración de los Fieles
Oremos:
Invoquemos a Dios que nos creó a su imagen y semejanza y
nos encomendó el cuidado de la tierra y, por intercesión de San
José, pidámosle que escuche nuestras oraciones. Digamos:
Te lo pedimos, Señor.

Por la Iglesia y cada uno de los cristianos del Tercer Milenio: para
que el amor y la paz que reinaron en el hogar de Nazaret revivan en
nuestras vidas. Oremos.
Te lo pedimos, Señor.

Por el Papa, los obispos, los sacerdotes y los diáconos, los
religiosos y los fieles: para que sirvamos a Dios todos nuestros
días. Oremos.
Te lo pedimos, Señor.

Por la obra evangelizadora de la Iglesia: para que el mensaje
del Evangelio sea anunciado a los trabajadores y a los pobres.
Oremos.
Te lo pedimos, Señor.

Por los que sufren por falta de trabajo o por la precariedad e
inhumanidad del mismo, por los trabajadores que están en peligro
y por los que son explotados: para que el Señor los llene de su
fortaleza y San José, su protector, interceda por sus necesidades
espirituales y materiales. Oremos.
Te lo pedimos, Señor.

Por los que trabajan en los sindicatos y están comprometidos
en la causa de la justicia y la promoción de los derechos
humanos: para que San José los sostenga en su empeño
y puedan conseguir el progreso, la convivencia pacífica y el
reconocimiento de los derechos de todos los hombres.
Oremos.
Te lo pedimos, Señor.

Celebrante:
Gracias, Padre, porque nos escuchas y nos salvas;
recibe con bondad las oraciones que te hemos
presentado en nombre de tu pueblo y haz que, mirando
a San José, modelo de trabajador, no nos cansemos
nunca de trabajar con ilusión por un mundo mejor.
Por Jesucristo nuestro Señor.
Amén.

Oración sobre las Ofrendas
Dios de toda bondad, acepta los dones que te presentamos
en esta fiesta de san José Obrero, y haz que esta
Eucaristía sea para nosotros fuente de vida cristiana y
salvación eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.

Prefacio de San José
Misión de san José
El Señor esté con ustedes.
Y con tu espíritu.
Levantemos el corazón.
Lo tenemos levantado hacia el Señor.
Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
Es justo y necesario.

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber
y salvación darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo, Dios todo poderoso y eterno.
Y alabar, bendecir y proclamar tu gloria en la memoria de san
José, el hombre justo que diste por esposo a la Virgen Madre
de Dios, el fiel y prudente servidor a quien constituiste
jefe de tu familia para que, haciendo las veces de padre,
cuidara a tu hijo unigénito, concebido por obra del
Espíritu Santo, Jesucristo nuestro Señor.

Por él, los ángeles y los arcángeles, y todos los coros
celestiales celebran tu gloria, unidos en común alegría.
Permítenos asociarnos a sus voces cantando humildemente
tu alabanza:
Santo, Santo, Santo...

Antífona de la Comunión
Todo lo que hagáis de palabra o de obra, hacedlo en el nombre
de Jesús, el Señor, dando gracias por su medio a Dios
Padre. Aleluya.

Oración después de la Comunión
Oremos:
Que el amor que nos has manifestado al hacernos
partícipes de esta Eucaristía, sea para nosotros, Señor,
el estímulo para cumplir con nuestras obligaciones diarias
y la razón profunda de nuestra paz interior.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.

Dales, Señor, prosperidad a nuestras obras